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Retículas. Introducción

La retícula es un sistema que divide el espacio en secciones concretas donde se ubicarán los distintos elementos de la composición.

Tradicionalmente la retícula se limita­ba a determinar los márgenes de la pá­gina, y con ello, las proporciones del bloque de texto, además de señalar la la ubicación de los folios y las cabeceras. Con el paso del tiem­po, los sistemas reticulares se fue­ron sofisticando para dar cabida, de una forma clara, ordenada y atractiva, a nuevos elementos compositivos como varias columnas, ilustraciones, fotografías, gráficos, espacios en blanco, leyendas, titulares, etc.
Hay diversas formas de establecer la dimensión y ubicación de la mancha tipográfica.

Una vez establecido el formato podemos enfrentar dos páginas y trazar diagonales desde sus esquinas para colocar encima una mancha tipográfica cuyos vértices se asienten sobre estas diagonales.

Así obtendremos una mancha de tex­to pro­porcional al formato, estructura­da por un sistema reticular simétrico.


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Llamaremos sistema reticular simétrico a la división que deje los mismos márgenes (superior, inferior, interior y exterior) en ca­da una de las páginas, y sistema reticular asimétrico al que deja distintos márgenes (superiores, inferiores, interiores o ex­te­riores).

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Formatos

Entendemos por formato la forma geométrica que adopta un libro o impreso. Las formas o formatos más característicos son el rectángulo (vertical y apaisado) y el cuadrado. También existen formatos circulares, hexagonales... o con determinadas siluetas. En cualquier caso, la elección de un formato u otro dependerá de la intención comunicativa y de factores prác­ticos, estéticos e, incluso, económicos.

El tamaño del formato está determina­do por la relación entre la anchura y la altura. Y en ese orden se suele expresar: anchura por altura.

La proporción del formato y la distribución de los elementos que la componen determinarán el equilibrio y armonía del diseño.

Los esfuerzos por conseguir dividir el espacio en proporciones estéticas idea­les se conocen desde los tiempos de la antigua Ro­ma, donde el arquitecto Virtruvio crea la regla áurea —también conocida como regla de la divina proporción o proporción 8:13—.

Un rectángulo áureo se consigue di­vidien­do un cuadrado por la mitad y utilizando una de sus diagonales co­mo radio para determinar la ampliación que necesita uno de sus lados pa­ra convertirse en un rectángulo áureo.

Esta proporción 8:13 también se suele expresar como 1:1,618, lo que significa que por cada cm del lado menor debe haber 1,618 cm de lado mayor. Por tan­to, si sólo tenemos un lado, y queremos que este sea el mayor del rectángulo dividiremos su longitud entre 1,618 pa­ra hallar el menor; y si queremos que sea el menor multiplicaremos su longitud por 1,618 para hallar el mayor.

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